La discusión sobre el futuro del Régimen de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM) suele enfocarse casi siempre en la misma dirección: aumentar edades de retiro, elevar cuotas o endurecer requisitos.
Sin embargo, existe otro problema estructural que pocas veces ocupa el centro de la conversación: Costa Rica tiene cientos de miles de trabajadores fuera del sistema contributivo.
Y mientras eso continúe ocurriendo, cualquier reforma financiera del IVM seguirá teniendo límites muy claros.
Recientemente se informó que la CCSS llevará 20 propuestas de reforma del IVM a una mesa técnica nacional. Entre las alternativas que se discuten aparecen ajustes financieros, medidas paramétricas y cambios estructurales orientados a sostener el régimen en el largo plazo.
Pero hay un elemento que podría tener un impacto enorme sobre la sostenibilidad futura del sistema y que empieza a ganar fuerza dentro de la discusión institucional: ampliar la base de cotizantes reales mediante un mejor trato al trabajador independiente.
El verdadero problema no es únicamente cuánto cotiza cada persona
Tradicionalmente, muchas discusiones sobre el IVM parten de una lógica relativamente simple: si faltan recursos, entonces deben aumentarse cuotas o endurecer condiciones.
El problema es que esa lógica ignora algo fundamental.
Un sistema de pensiones no se sostiene únicamente porque unos pocos paguen más. También necesita que muchas más personas participen formalmente del sistema.
Y ahí es donde Costa Rica enfrenta uno de sus mayores problemas estructurales.
Según cifras recientes basadas en datos del INEC, el país registra aproximadamente 557 mil personas ocupadas independientes, de las cuales cerca de 469 mil operan en condición de informalidad, equivalente al 84,2%.
Además, alrededor del 70% de los microempresarios unipersonales también se encuentran fuera de la formalidad.
Eso significa que existe una enorme masa económica produciendo ingresos sin aportar regularmente al sistema de seguridad social ni al IVM.
El trabajador independiente sigue viendo el sistema como una carga difícil de sostener
Durante años, el modelo contributivo aplicable a trabajadores independientes ha generado fuertes cuestionamientos.
Mientras un trabajador asalariado aporta alrededor de un 10,87% como cuota obrera, un trabajador independiente puede llegar a cotizar hasta un 19,11% bajo la escala contributiva actual.
Pero además de pagar más proporcionalmente, el trabajador independiente enfrenta otras cargas que muchas veces se omiten de la discusión:
- gastos operativos,
• alquileres,
• herramientas,
• seguros,
• plataformas tecnológicas,
• combustible,
• asistentes,
• impuesto sobre utilidades,
• patente municipal,
• y múltiples costos que reducen significativamente su ingreso disponible.
A eso se suma otro elemento importante: no todos los gastos reales son deducibles para efectos del impuesto sobre la renta.
En la práctica, muchos trabajadores independientes sienten que cotizan y tributan sobre montos que no reflejan realmente su capacidad económica.
La propia CCSS empieza a reconocer el problema
Precisamente por esa realidad, la institución ya analiza cambios importantes para trabajadores independientes de mayores ingresos.
Actualmente, el sistema funciona aplicando tarifas completas según el nivel de ingreso reportado. La escala contributiva vigente para 2026 es la siguiente:
- Hasta ₡346.789: 7,05%
• ₡346.790 a ₡746.185: 9,98%
• ₡746.186 a ₡1.492.369: 13,77%
• ₡1.492.370 a ₡2.238.554: 16%
• Más de ₡2.238.555: 19,11%
Ese modelo genera uno de los principales problemas del sistema actual.
Conforme aumentan los ingresos reportados, el trabajador independiente puede terminar soportando cargas contributivas extremadamente altas sobre prácticamente toda su base contributiva.
En la práctica, muchas personas sienten que conforme más crecen económicamente, más difícil se vuelve mantenerse formalmente dentro del sistema.
Eso provoca varios efectos:
- trabajadores que prefieren permanecer en informalidad,
• personas que nunca se inscriben,
• subdeclaración de ingresos,
• y contribuyentes que intentan mantenerse artificialmente en tramos bajos.
Precisamente ahí es donde aparece la nueva propuesta que analiza la CCSS.
La intención sería abandonar parcialmente el modelo actual y migrar hacia un esquema más parecido al impuesto sobre la renta, donde las tarifas superiores se apliquen únicamente sobre excedentes y no sobre la totalidad del ingreso reportado.
La propuesta analizada plantea inicialmente:
- Hasta ₡341 mil: 7,05%
• Entre ₡341 mil y ₡734 mil: 9,98%
• Entre ₡734 mil y ₡2,2 millones: 11%
Y a partir de ₡2,2 millones mensuales se aplicaría un sistema sobre excedentes:
- Hasta ₡4,4 millones: 12% sobre el excedente.
• Hasta ₡5,5 millones: 9,5% sobre el excedente.
• Más de ₡5,5 millones: 8% sobre el excedente.
El cambio es importante porque reduce considerablemente la carga efectiva sobre quienes generan mayores ingresos y elimina parte del incentivo actual a subreportar ingresos o mantenerse fuera de la formalidad.
La lógica detrás de la propuesta parece reconocer algo que durante años resultó evidente: cuando las cuotas son percibidas como excesivas o desproporcionadas, muchas personas simplemente prefieren no cotizar o reportar lo mínimo posible.
Además, la propia institución indicó que el 95,7% de los trabajadores independientes inscritos reporta ingresos inferiores a aproximadamente ₡734 mil mensuales.
Ese dato refleja que la enorme mayoría de cotizantes independientes no pertenece a niveles altos de ingreso, sino a segmentos económicamente vulnerables o de ingresos medios relativamente bajos.
Por eso el verdadero reto del sistema probablemente no sea únicamente aumentar cuotas, sino lograr que más personas quieran ingresar y permanecer formalmente dentro de la seguridad social.
El IVM también depende de reconstruir confianza
Otro problema estructural ha sido la relación cada vez más deteriorada entre trabajadores independientes y la CCSS.
Especialmente por los cobros retroactivos.
Muchos profesionales y emprendedores siguen enfrentando facturaciones millonarias calculadas retrospectivamente utilizando información tributaria.
Esa práctica ya ha sido cuestionada incluso por el Tribunal Contencioso Administrativo, que ha anulado cobros retroactivos contra trabajadores independientes en distintos casos y además ha condenado a la CCSS al pago de costas procesales.
Uno de los expedientes que refleja esta problemática es el expediente 23-002551-1027-CA.
Ese tipo de situaciones genera un efecto importante sobre la formalización.
Muchas personas dejan de percibir el sistema únicamente como protección social y comienzan a verlo también como un riesgo financiero potencial.
Y ningún sistema de pensiones puede fortalecerse sosteniblemente bajo un ambiente de desconfianza creciente.
El problema del IVM no parece resolverse únicamente aumentando cuotas
Costa Rica cambió económicamente.
Hoy existen cada vez más:
- freelancers,
• consultores,
• profesionales remotos,
• trabajadores digitales,
• pequeños emprendedores,
• creadores de contenido,
• técnicos independientes,
• y modelos de autoempleo que hace veinte años prácticamente no existían.
Pretender sostener el IVM únicamente aumentando cargas sobre una base contributiva relativamente pequeña podría terminar profundizando el problema.
Porque cuando las cuotas son percibidas como excesivas o desproporcionadas, muchas personas simplemente optan por permanecer fuera del sistema.
Formalizar más personas podría fortalecer directamente el IVM
Aquí aparece probablemente uno de los puntos más importantes de toda esta discusión.
Si Costa Rica logra:
- reducir cargas excesivas,
• crear cuotas más razonables,
• simplificar afiliaciones,
• permitir regularizaciones viables,
• eliminar barreras burocráticas,
• y disminuir el miedo a cobros retroactivos impagables,
el país podría incorporar cientos de miles de nuevos cotizantes reales al sistema.
Y eso tendría un efecto directo sobre el IVM.
Porque un régimen de pensiones no se fortalece únicamente aumentando lo que pagan quienes ya están dentro.
También se fortalece ampliando masivamente la cantidad de personas que cotizan.
Algunas medidas que podrían ayudar a fortalecer el IVM
Dentro de una discusión seria sobre sostenibilidad del régimen, probablemente deberían valorarse medidas como:
- aplicar el nuevo modelo contributivo progresivo por excedentes,
• reducir la carga efectiva sobre ingresos bajos y medios,
• crear un sistema de afiliación completamente digital y amigable,
• permitir regularizaciones sin generar deudas impagables,
• establecer esquemas transitorios para trabajadores informales,
• generar mayor seguridad jurídica sobre cobros retroactivos,
• e incentivar formalización mediante reglas proporcionales y sostenibles.
La sostenibilidad futura del IVM probablemente no dependerá únicamente de cobrar más.
También dependerá de lograr que cientos de miles de personas quieran finalmente ingresar y permanecer dentro del sistema.